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Crítica política sobre noticias de actualidad en el mundo

Una visión geopolítica en favor del respeto entre naciones, la integración económica mundial y la armonía con el medioambiente

Autor

Javier Colomo Ugarte

Diciembre 2019


Estados Unidos en el origen de la desconfianza en las relaciones internacionales

 

La desconfianza entre imperios reinos y naciones bajo la justificación de ser portadores de postulados civilizatorios excepcionales y excluyentes, es un legado que ha formado parte de la historia de la humanidad. En la Antigüedad lo fue con la extensión de la Cultura frente a la "barbarie" (imperio romano); en la Edad Media y Moderna con la imposición de la religión verdadera a "impíos y paganos" (imperio español), y en el transcurso de la Era Contemporánea: con la expansión de la civilización occidental a los "pueblos atrasados" en el siglo XIX (imperio británico); la imposición de la raza superior a las "razas inferiores" en la primera mitad del siglo XX (imperio nazi alemán); la confrontación geopolítica del socialismo y la democracia liberal en la segunda mitad del siglo XX (imperios soviético y estadounidense), y a partir del finales del siglo XX con la exportación de la democracia liberal por el único imperio en pie: Estados Unidos.

Todas las ideologías en sus diferentes etapas y contextos históricos tienen en común que se han justificado para ejercer desde un centro rector imperial la dominación sobre el resto. La ideología de la dominación subyace a todas ellas y su expansión ha servido sobre todo para el expolio colonial y el lucro de las metrópolis imperiales.

La lógica de la dominación conlleva a su vez a la lógica de la resistencia de quienes no quieren ser subyugados, ambas se retroalimentan y tienen su expresión máxima en la preparación para la guerra. La civilización humana desde sus orígenes no ha sido capaz de superar esta lógica de la confrontación, y la guerra ha formado parte consustancial de su periplo histórico. Hasta el siglo XX la capacidad destructiva de las armas de guerra nunca habían llegado hasta el extremo de poder poner fin a la existencia del género humano, será a partir de mediados del siglo XX con la aparición de las armas atómicas y el desarrollo tecnológico para su lanzamiento a miles de kilómetros de distancia cuando la guerra llevada hasta sus últimas consecuencias no puede garantizar un vencedor sino una destrucción mutua asegurada.

La vocación imperial de una nación se manifiesta por su interés por subordinar al resto, y en la educación que hace a su ciudadanía de la excepcionalidad y supremacía moral para exportar su dominación. Tras el final de la URSS, de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (EEUU, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña), quienes a su vez son las únicas naciones autorizadas por el Tratado de No proliferación Nuclear a tener bombas atómicas, la única potencia que ha mantenido su vocación imperial es EEUU.

Francia y Gran Bretaña quedaron relegadas como imperios coloniales al final de la Segunda Guerra Mundial por EEUU. Rusia, heredera legal de la URSS en sus responsabilidades internacionales, perdió su vocación imperial al final del siglo XX al poner fin a la ideología expansionista soviética, la República Popular China no tiene aspiraciones imperiales ni ha protagonizado en toda su historia ninguna guerra de agresión, sus confrontaciones militares en los años sesenta y setenta con su vecinos, India, la URSS y Vietnam por cuestiones fronterizas, fueron de escaso alcance en tiempo y forma, y los contenciosos que llevaron a la confrontación ya han sido resueltos por medio de tratados. Después de la Guerra Fría Solamente EEUU ha seguido con sus guerras de agresión sin contar  con la autoridad del CSNU y apoyado por la OTAN, como han sido la guerra en la antigua Yugoslavia, la invasión de Irak y la guerra en Libia.

EEUU, con su ambición de dominar el mundo, su predisposición a la guerra y los  ingentes recursos destinados a su maquinaria militar es el origen principal de la desconfianza en las relaciones internacionales.

La desconfianza de quienes no aceptan la tutela estadounidense cobra especial relevancia, por su magnitud, en las dos potencias mundiales más importantes después de EEUU: Rusia y China, y ello supone que los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad como el desarme, la paz, la gestión de los problemas económicos y los desafíos medioambientales se encuentren estancados en el pantano de la desconfianza.

En el siglo XXI la humanidad ha alcanzado avances científicos que le podrían permitir construir una civilización global basada en la paz, la prosperidad y la armonía con la naturaleza, pero a su vez, ha desatado dos fuerzas capaces de hacerla desaparecer: las armas nucleares y el cambio climático.

En la estrategia militar la posesión de las armas atómicas están circunscritas al ámbito de la disuasión, pero su propia existencia es una amenaza para la humanidad que solamente podrá ser erradicada cuando las mismas desaparezcan, pero mientras la relaciones internacionales estén dominadas por la desconfianza, el desarme nuclear será imposible.

El cambio climático es una amenaza de futuro a la habitabilidad de la especie humana en el planeta, pero al igual que sucede con las armas atómicas, la desconfianza impide avanzar en consensos internacionales efectivos para la implementación a escala planetaria de sumideros de CO2, que pudieran permitir reducir la concentración de este gas en el aire atmosférico principal causante del efecto invernadero.

Fuente datos. EIA / EEUU

EEUU, como mayor poseedor de armamento militar en el mundo, y mayor responsable histórico en la concentración de CO2 en el aire atmosférico debiera ser quien tomara la iniciativa tanto en la reducción armamentista como en la provisión de fondos para la implementación de sumideros de CO2, pero la lógica de la dominación inserta en su clase militar y financiera, y la educación de su sociedad en la excepcionalidad de estar destinada a regir el mundo impiden a esta nación dar pasos efectivos en esa dirección, lejos de ello, la actual administración estadounidense rechaza los acuerdos de París del 2015 para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y se retira unilateralmente de los tratados que limitaban el uso de misiles portadores de armas nucleares de mediano y corto alcance (INF).

Inevitablemente el avance hacia una civilización global basada en la paz, la solidaridad y la armonía medioambiental está vinculado a la superación previa de la desconfianza en las relaciones internacionales, pero paradójicamente quienes se auto-arrogan el derecho a injerir  en las naciones que no aceptan su tutela bajo el subterfugio de la supremacía moral occidental, son quienes están cortando el paso.

Deberán ser, pues, los pueblos y naciones comprometidos con poner fin al legado milenario de la dominación y el avance hacía una gestión compartida de los desafíos globales que tiene planteados la humanidad quienes abran la puerta de la esperanza.

 

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